7/9/11

Cuando desperté, el teléfono aún tenía notificaciones.

Me quede dormido y al levantarme el teléfono tenía N cantidad de notificaciones de mensajes sociales. A falta de oficio las revise todas allí mismo y fue como ver uno de esos catálogos de almacén de muebles de mal gusto que aparecen en las novelas de Venevision. Ni un gesto, ni una opinión. En esta era de información donde un sin fin de contenido llega a directo a tus manos ya hay poco que sorprenda. Mas cuando la gente tiene menos que compartir que valga la pena. Hace unos años el Internet era una vía de escape, algo donde podías sentarte con un café a reírte de fatalidades como rotten.com. Pero hoy día hasta las notificaciones de deudas bancarias te siguen y no hay gracia cuando el medio queda institucionalizado por todas partes hasta con el gobierno fisgoneando y limitando que ves. En este caso mi actitud no va al retrogrado , sino contra del masivo contenido desechable. Y lo peor es que la mayoría de este también no los buscamos por querer verlo y luego aburrirnos de el.

1 comentario:

Poesía desde Valencia dijo...

Hablándo de desechable, entren en poesíapunkdesechabe. aksdakjsd